La Virgen

Lugar de Aparicion

Lugar de Aparicion

En las estribaciones de Sierra Morena, en las cercanías del arroyo de Las Torres, arroyo que delimita los términos de Gerena y Guillena, en una de aquellas cavidades o grutas formadas por piedras, se encontró la imagen de Nuestra Señora de la Encarnación, un hombre que caminaba por sus inmediaciones, y se asustó el caballo que lo conducía en tales términos, que todos sus esfuerzos fueron inútiles para contenerlo.

Desbocándose, corría con gran velocidad sobre las sierras, sin que lograse derribar al jinete, que se sostenía sobre él a fuerza de mil trabajos; el caballo iba ya ciego con la violencia de la carrera, y el hombre temía que precipitado el animal por una de aquellas alturas que horrorizaba el mirarlas, su suerte desastrosa era inevitable en la profundidad. Mas ¡oh prodigio! en el extremo ya de la eminencia, en el momento crítico y supremo del mayor peligro, invoca a la Santísima Virgen de la Encarnación, y en el mismo instante pierde el caballo sus fuerzas, queda parado al borde del precipicio, fija su planta sobre la piedra dejando grabada la herradura en ella, como se ve todavía, y al bajarse el jinete descubre que debajo, se halla oculta la Sagrada imagen de la Virgen, la venera, le da gracias, corre presuroso a dar cuenta de lo referido, y cunde la fausta noticia con celeridad por los pueblos de las cercanías.

La Ermita

La Ermita

Mas como quiera que la milagrosa imagen se había encontrado en termino de Guillena, al que ya pertenecía aquella parte opuesta del arroyo, fue conducida inmediatamente a la Iglesia Parroquial, pero no tardo mucho sin que, disponiéndolo sin duda la Señora, para perpetuar la memoria de tan singular y extraordinario beneficio, se le edificara una ermita por los vecinos de Gerena, próxima al sitio de su aparición, en lo mas alto de aquel terreno, a la falda de la sierra que dominaba su extensa vega, participando del verdor y
frescura de las inmediaciones del arroyo, que le da un aspecto agradable, en medio de un campo árido y seco durante la estación de las grandes calores. Desde allí se divisan muchos pueblos y caseríos, se ve Sevilla y hasta las sierras de Morón con todas sus cordilleras; no puede figurarse lugar más animado y pintoresco.

Desde el instante de tan prodigioso hallazgo, comenzó a mostrarse la Santísima Virgen milagrosa, son los que la invocaban ante su imagen de la Encarnación, y de aquí la celebridad con que siempre ha sido venerada, y la devoción que le profesan los pueblos circunvecinos.

 

Ntra. Sra de la Encarnacion

Ntra. Sra de la Encarnación

En el año de mil seiscientos afligió a la villa de Gerena una calamidad, y habiéndola conducido a la Iglesia Parroquial, experimentando el remedio deseado, se hizo cargo de su culto la Hermandad Sacramental, constituyendo una sola corporación con los devotos de la Santísima Virgen, y votaron celebrar anualmente su función principal el Domingo infraoctavo de la Ascensión del Señor a los Cielos, la que preserva hasta hoy, con gran jubilo de los pueblos cercanos, que acuden para acompañar la procesión de la Señora hasta la Villa. Esta se hace el referido día de la Ascensión, desde su Ermita a la Parroquia, donde se trae en hombros de los hermanos, a pesar de la distancia con numerosa concurrencia, muy semejante a las romerías del Rocío y Señor de Torrijos.

Terminada la función que consiste en la Misa Solemne y sermón, se vuelve a conducir a la Ermita el mismo Domingo, con el propio entusiasmo anterior, donde es visitada por sus devotos, y donde se complace la Señora en prodigar sus favores y beneficios a cuantos imploran su protección.

 

En las calamidades públicas de epidemias, falta de lluvias y otras aflicciones en general, se trae también procesionalmente a la Iglesia de la Villa, permaneciendo en ella hasta que socorridos y consolados sus moradores, después de la acción de gracias, vuelve a ser conducida a su Santuario, en medio de las demostraciones más entusiastas de reconocimiento y gratitud. Aún se recuerda todavía, que así se verificó también al poco tiempo de la invasión francesa, en cuyo periodo estuvo la venerada Imagen en la Iglesia Parroquial, siendo el consuelo de los habitantes de la Villa en aquellas azarosas circunstancias, y luego que pasaron y se reparó del deterioro que había sufrido, se llevo procesionalmente con la acostumbrada solemnidad. Refieren además muchos, que hallándose la Señora como anteriormente en el Pueblo por los años 1.824, fue robada la Iglesia, abriendo los sagrarios y llevándose los Copones, Cálices, lámparas, diademas y coronas de plata, de las Imágenes; pero se noto que la Corona de la Santísima Virgen estaba ladeada de los esfuerzos que hicieron para quitársela, sin que pudiesen lograr su intento los sacrílegos profanadores.

El pueblo todo fue testigo de semejante maravilla, como igualmente de otra acaecida no hace mucho tiempo, en una de las ocasiones que se conducía la Imagen de Nuestra Señora a su Ermita, saliendo a despedirla un pobrecito baldado apoyado en dos muletas, y puesto a presencia de la Santísima Virgen, le rogaba animado de la más viva fe, se dignase dispensarle la gracia de la salud, quedando libre de la parálisis que le impedía dedicarse al trabajo.

Apenas hubo concluido su fervorosa súplica, a la vista de la inmensa muchedumbre que acompañaba a la señora en su despedida, se vio levantarse sin el auxilio de las muletas, quedando completamente expedito y sano en aquel acto, con gran admiración de todos los que lo presenciaron.

Hoy mismo, a pesar de la indiferencia que se observa desgraciadamente por todas partes, no ha
decaído en lo más leve la devoción a la Virgen de la Encarnación en Gerena, y son numerosas las promesas que se cumplen en los días dedicados a celebrar su función. Por último, se conserva la piadosa práctica, que desde tiempo inmemorial tienen las madres, de cuidar que sus hijos al ingresar en el ejercito lleven al cuello una estampa de la Virgen, procurando ellos si se deteriora o extravía, de mandar por otra para su consuelo, estando ausentes de patria y familia. Tal es la devoción que se profesa a Nuestra Señora de la Encarnación en la Villa de Gerena.

Conservadla, Señora porque ella es la que contribuye eficazmente a conservar la fe en el pueblo cristiano, y a pesar de los esfuerzos del infierno, te aman y veneran de todo corazón. Ellos confían en el gran poder que gozáis con vuestro divino Hijo, en favor de los pecadores, por eso imploran tan consoladora protección en este triste valle de lágrimas. Alargadle vuestra mano, para que no caigan en el abismo, y alcanzadle gracias abundantes para librarlos de los peligros que los rodean y gocen después de la eterna felicidad.

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